Papá Dylan
Pasó el huracán que se había vaticinado. También llegó la tormenta. Estuvo en Zaragoza, Madrid, Cuenca… Estuvo Bob, el truhán, el mismo que se muestra tierno a la vez que emite proposiciones nada decentes a jovencitas como la cantautora Martha Wainwright. Rumores aparte, Bob Dylan, Dylan el Grande, es toda una eminencia del rock a la cual saludaría con el mayor de los respetos.

Por qué. Por muchas razones.
Porque Dylan fue de los primeros. Es de los personales. No inventó el rock, el que los blancos robaron a los negros afroamericanos, pero lo engulló, lo hizo suyo haciéndolo aparecer como algo nuevo: singer-song writer, es lo que se dice en inglés para lo que conocemos como cantautor. Entonces, surgió el autor y el Él.
Él es el padre al que todos volvemos como el hijo pródigo cuando se da cuenta que ha dado la espalda a sus raíces. Cuando abres los ojos al recordar sus palabras: how many roads must a man walk down before you can call him a man? Y las oyes, las cantas y piensas: cuántas veces volverás calle arriba, calle abajo hasta que te llamen hombre (o mujer), y Bob te entendía hace más de 40 años. Regresas a él para no dejarle nunca, para no alejarte jamás. Porque como buen padre sabe lo que es bueno para ti y lo que no, que los que son como él no te valen a ti como mitad:
I'm not the one you want, babe,
I'm not the one you need.
You say you're lookin' for someone
Who will promise never to part,
Someone to close his eyes for you,
Someone to close his heart (…)
But it ain't me, babe,
No, no, no, it ain't me, babe,
It ain't me you're lookin' for, babe.
[HTML]http://es.youtube.com/watch?v=ImpKzFXO1WI [/HTML]
Puede envolverte en casi ocho minutos de canción con el Huracán más feroz o deshacerte con el mejor tema que recientemente me descubrieron de papá Dylan, It’s all over now, baby blue. Las versiones de gran parte de su repertorio se cuenta a docenas, así se descubren nuevas perspectivas. Y lo que más se agradecen, sus duetos indispensables con Joan Baez.

Su guitarra, su rasgar de cuerdas, su voz suya, evocan las carreteras de Estados Unidos, no las autopistas abrumadoras, sino aquellas carreteruchas sinuosas que te llevan a destinos no marcados, una libertad perfecta que imaginamos, sueños de juventud y para toda la vida.
Que tire la primera piedra aquel que se llame a sí mismo músico, compositor, cantante, melómano y rechace a Dylan.
Bob Dylan es ovaciones y aplausos.
Sólo me queda pedir one more tune, Mr. Dylan.