Oda en blanco y negro
La vida renace después del dolor. Y lo hace más fuerte, más consciente y más vital. Porque en el juego de oposiciones, en los dos polos del imán, en el ying-yang, en la dualidad necesaria de nuestro propio universo, está el sentido. Pero a veces el dolor es más fuerte que la vida y la ahoga.
Frente a las fotografías de Francesca Woodman (un descubrimiento motivado gracias a un nombre dicho en una noche cualquiera y única) me siento frágil y desnuda, me identifico. Leo poesía en ese blanco y negro, intuyo la influencia de algún prerrafaelita, de los clásicos, del surrealismo, de la fotografía primordial... Y a pesar de todo, me resulta nueva. Pero sobre cualquier otra cosa, me parece lírica, brutal, y tremedamente nostálgica.
Desde niña, ya a los 13 años, muestra un don artístico innato en un retrato maravilloso donde su rostro se oculta dando la espalda a la cámara y con un juego de luces seductor y mágico. La niña Francesca se siguió cultivando, viajó a Roma y se dedicó a jugar y crear en su mundo de Rhode Island (en su estudio de Providence). Una creatividad tan inmensa y quizá una sensibilidad incontenible la llevaron a dejarse arrastrar por la angustia de la vida hacia la muerte. Se suicidó.

Leyendo sus fotos, parece que mandaba mensajes premonitorios: "To Die Is Gain". Este lema estaba escrito sobre una losa lapidaria entre la que asoma desnuda Francesca Woodman. Su obra viaja hoy por museos y galerías del mundo, un legado eclipsante de 800 imágenes.