En busca de la estética

Sé que la belleza existe. No sé definirla pero está ahí, aquí. Intangible, atractiva... para mí es soprendente por cómo me atrapa. Muchas veces he pensado en la necesidad de escribir un manifiesto, el mío propio, pero me es imposible encorsetar mis pensamientos, mis principios, aquello que me mueve. Una cosa está segura en todo lo que descubro, en todo lo que veo, escucho, hago, busco la belleza. El valor diferencial único e impredecible.
Kant decía que el hombre existe como fin en sí mismo. La belleza también.

La poesía es la expresión plena de la belleza esculpida con las palabras. Otra búsqueda, la búsqueda de la palabra precisa. Dejo aquí un poema que no me cansaba de releer hace años y que hace poco he vuelto a rescatar del olvido poético, de una joven autora que ganó el premio Hiperión allá por el 2001.


Imán

No serán suficientes las caricias para decir "te quiero",
pero mi mano aprieta el corazón
tendido como un puente hacia tu boca.
No caben más guirnaldas en mis venas,
ni más miel en tus pechos.
El más breve latido de tu carne
es un astro que tira de mis ardientes músculos
hacia su mar de brasas o carbones.
Ya en órbita,
doy forma a tu sonrisa con mis labios.

La tarde lentamente va llegando
allí donde termina el tobogán,
mientras cuento uno a uno
los gajos de ternura que me llevo a la boca.
La hostilidad del mundo,
las hélices de plomo
que cortaban el vuelo
a todos nuestros globos y cometas,
vive fuera del cuarto.
En el cuarto,
nuestro amor siembra puertos
donde las naves tienen corazones atados en los puños,
y los mapas revelan
las dudas de las norias,
y las brújulas huelen
el resplandor del humo,
y los sueños desbordan los bolsillos
cada vez que se zarpa.

Monedas de sudor
acarician tus senos
y van dejando un rastro
de pisadas de estrellas.
No me duele la vida
cuando veo en tus ojos de gorrión mojado por la lluvia
lo risueño del niño
que espera sonriente como un ancla
su regalo.

No me escuecen las alas
cuando tus labios vienen a salvarme
del incendio en que vivo,
y la pasión nos toma la cintura,
y el ritmo de la sangre golpea los tabiques
y deshace la cama.

Nuestro amor empapela las paredes del cuarto
y vivimos felices entre algodón y fresas.
En la calle es distinto,
la gente nos recibe con una calurosa bienvenida a base de [volcanes,
y el odio es un revólver
que apunta a nuestras manos cuando van enlazadas,
que apunta a nuestros labios si nos damos un beso.
Pero somos más fuertes,
y nuestro corazón bombea en las ventanas.
sin miedo a los cristales.

Ariadna G. García en Napalm. Cortometraje poético (Hiperión, Madrid, 2001)

Comentarios

Me gusta mucho esta poesía. Es tal cual las sensaciones del principio del amor. No hay nada que te haga sentir más viva. Y... La belleza se puede atrapar escribiendo, aunque es muy esquiva. El milagro sucede sólo a veces.


Gracias por colgar "Imán", y por tus preciosas palabras. Un abrazo. Ariadna.


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